“Y se decían el uno al otro: ¿No ardía nuestro corazón en nosotros, mientras nos hablaba en el camino, y cuando nos abría las Escrituras? (Luc. 24:32).

CAMARADAS DE ARMAS

Sábado, 13 febrero 2016

LEE PARA EL ESTUDIO DE ESTA SEMANA: Lucas 5:6-8, 11; Marcos 3:14; Mateo 8:23-27; Marcos 4:35-41; 9:33-37; Mateo 20:20-28.

DESDE LOS PRIMEROS DÍAS de su ministerio, Jesús no trabajaba solo. Eligió humanos para participar en la predicación, la enseñanza y la ministración. Y, aunque los cuatro evangelios enfocan principalmente su vida, su muerte y su resurrección, a menudo lo hacen en el contexto de sus discípulos, los que estaban más cerca de él.

Así, mientras el Gran Conflicto rugía alrededor de Jesús, también lo hacía entre sus discípulos, hasta el mismo amargo final, cuando Jesús exclamó: “Consumado es”. A Satanás le resultó imposible hacer que Jesús tropezara y cayera. Sin embargo, los seguidores de Cristo fueron presas mucho más fáciles. Las fallas de sus caracteres abrieron una puerta que el enemigo aprovechó rápidamente.

El orgullo, la duda, la testarudez, la autosuficiencia, la mezquindad: cualesquiera que fueran sus fallas, estas abrían el camino a Satanás. La mitad de sus problemas eran generados por sus preconceptos y por no escuchar lo que Jesús decía que ocurriría. Tenían muchas lecciones duras que aprender. También las tenemos nosotros.

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