“Completen mi gozo, tengan el mismo sentir, el mismo amor, unánimes, sintiendo una misma cosa” (Fil. 2:2).

UNIDAD MEDIANTE LA HUMILDAD

sábado 17 de enero, 2026

LEE PARA EL ESTUDIO DE ESTA SEMANA: Filipenses 2:1–11; Jeremías 17:9; Filipenses 4:8; 1 Corintios 8:2; Romanos 8:3; Hebreos 2:14–18.

En la unión reside la fuerza, pero conocer esa verdad no es lo mismo que ponerla en práctica. Todos fracasamos a veces a pesar de nuestros mejores esfuerzos por promover la unidad. Pero eso no es lo mismo que socavarla deliberadamente. No es de extrañar, pues, que al avanzar en su carta a los filipenses, Pablo desea que estén “unánimes, sintiendo una misma cosa”.

El apóstol basa la necesidad de la unidad en la enseñanza y el ejemplo de Jesús. Este es un tema que encontramos en todo el Nuevo Testamento y especialmente en las epístolas. El origen de la desunión en el Universo tuvo su origen en el orgullo y la sed de poder de un solo ángel en el Cielo. Este sentimiento se extendió rápidamente, incluso en un entorno perfecto (ver Isa. 14:12-14). Y se afianzó luego en el Edén, a raíz de un descontento similar respecto de las reglas que Dios había establecido y el deseo de ascender a una esfera superior a la que el Creador había designado (Gén. 3:1-6).

Esta semana examinaremos el fundamento bíblico de la unidad en la iglesia. Nos centraremos especialmente en la asombrosa condescendencia de Jesús, en las lecciones que podemos obtener al contemplarlo y en la manera de crecer para asemejarnos más a él.